dimarts, 17 de desembre de 2019

LLEGENDA URBANA



Alumnes de 1r d'ESO ens han fet arribar unes llegendes urbanes escrites per ells i elles. Moltes gràcies per compartir-ho amb nosaltres!
LLEGENDA URBANA

Sandra acababa de llegar al pueblo de la Llagosta,
se había mudado con su padre hacía unas semanas y necesitaba dinero para sus cosas.
Quería ahorrar para comprarse un coche.
Decidió buscar trabajo y se acercó al supermercado para preguntar si tenían un puesto para ella,
no necesitaban gente pero vio un anuncio en el tablero que decía que se buscaba niñera para cuidar a tres niños,
había un número de teléfono.
Llamó, le contestó la señora Cortez y le dijo que se pasase esa misma tarde. Cojió su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los Cortez, que estaba  algo aislada.
Era una casa grande y vieja. El cielo estaba despejado y la temperatura era agradable, dejó su bicicleta al lado de un árbol y timbró.
Los dos padres la recibieron en la puerta, eran una pareja joven que esa noche tenían una fiesta.
Uno de los compañeros de la madre se jubilaba y le iban a hacer una gran fiesta de despedida.
El interior estaba decorado con mucho gusto pero se notaba el paso de los años. Las paredes estaban algo descoloridas y los suelos crujían.
Le dejaron los números de emergencia en la nevera y dinero para que pidiera una pizza. Sandra se comió una pizza y vió una película con los niños mientras comían palomitas.
Las criaturas eran unos angelitos, se portaban muy bien y sobre las diez les acostó en su cama sin que rechistaran, les leyó un cuento y encendió el vigilabebes.
Después fue a ver la televisión, quería acabar una série que estaba viendo, solo le quedaban dos capítulos.
Estaba empezando a ponerse cómoda cuando de pronto el teléfono comenzó a sonar. Contestó:
-Hola, ¿Quién es?- preguntó ella.
Lo único que escuchó fue una risa seguida de las siguientes palabras:
-¿Has visto cómo están los niños…?- dicho esto colgó.
Esas palabras retumbaban en su cabeza, fue tanto el miedo que tuvo al escuchar esas palabras que tuvo que mirar al vigilabebes, todo parecía calmado.
Respiró hondo y se intentó tranquilizar diciendose a si misma que debía ser una especie de broma de mal gusto.
Cuarenta minutos después, mientras miraba su su série, el teléfono volvió a sonar; ella pensando que debían ser los padres, decidió contestar, ignorando el terror que había pasado, volvió a contestar:

- Hola - fue lo primero que dijo antes de aterrorizarse por dentro.

En la otra línea se escuchaba una respiración muy profunda y luego la misma voz dijo lo siguiente:

- ¿Por qué no has ido a ver a los niños…? ¡Ve a ver a los niños…!     - volvió a colgar.

Esta vez con terror decidió no mirar y llamar a la policía:
-Hola, policía- dijo ella.
-Diganos señorita- respondieron.
-Un hombre está llamando preguntando por los niños que estoy cuidando…-contó ella.
La policía se quedó callada durante un tiempo, lo que aterrorizó más a Sandra,
todo seguido le dieron las siguientes ordenes:
-Si vuelve a llamar mantenlo hablando para rastrearla señal y así sabremos desde donde llama…-colgaron.
Sandra, aterrorizada, esperando tener el valor para responder si volvía a llamar, se quedó sentada esperando la llamada de aquel hombre.
El teléfono sonó y ella contestó:
-Diga....-fue lo único que pudo decir.
-¿Por qué no fuiste a ver a los niños…? ¿No quieres saber como están los niños…?-empezó a reírse muy fuerte 
Sandra con todo el valor que le quedaba le dijo:
-¡¿Quién és!?
El hombre dejó de reírse para decir lo siguiente:
-¿No vas a ver a los niños…?- colgó.
Rápidamente el teléfono volvió a sonar, ella pensó que debía ser la policía asi que respondió, pero antes de decir nada, el de la otra línea dijo con histéria:
-¡Salga de la casa…!- le gritaron desde la otra línea.
-¡El que hace la llamada está dentro de la casa! ¡Salga de la casa rápido!
Sandra sintió unos ojos mirándola fijamente desde las escaleras
y sin pensar en los niños, salió de la casa.
Después entró la policía y subió a la habitación de los niños, estaba vacía.
Los niños estaban en el armario. Los cuatro se quedaron abrazados
en el salón asustados por la noche que habían pasado.
En ese momento volvió a sonar el teléfono. 

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