dijous, 21 de novembre de 2013

UNA HISTORIA DE VAMPIROS, por Dani García


Era un día normal menos en una cosa: llegaba tarde a mi primer día de instituto. Mi padre no me había despertado, se había ido a trabajar. Cuando  fui al colegio, por el camino me di cuenta de que me  había dejado algo, pero no sabía el qué. De golpe me acordé de que me había dejado a  mi hermana de 14 años, Carolina. Como hermano mayor la tenía que a acompañar  al cole. Cuando volví a casa vi que mi hermana no estaba, me asusté y llamé a mi padre, que es policía ,y me dijo que la había llevado  al instituto. Cuando fui al instituto llegué tarde, me castigaron a fuera,  donde había dos chicos más. Les pregunté por qué estaban fuera y me dijeron que habían llegado tarde.  Cuando nos dejaron entrar a clase nos pusimos juntos y estuvimos hablando. Cuando terminaron los clases fuimos hacia casa para hacer los deberes y jugar con las consolas.

Por el camino vimos un hombre en el suelo lleno de sangre, con agujeros en el cuello. La policía decía a todos que se apartasen. 
 
Seguimos caminando y hablando de lo que había visto. Carolina dijo que seguramente había sido un lobo, pero que nunca había visto un mordisco tan grande.

Cuando llegamos a casa estuvimos estudiando. Carolina puso la radio y dijeron que había una epidemia de gente  que, cuando mordían  a alguien, se  volvían locos, pero me dijo que estuviera tranquilo, que en esa emisora siempre hacían bromas.

De golpe se puso la tele en blanco y se apagaron las luces. Les dije que teníamos que salir a fuera a poner bien los fusibles, que había pasado muchas veces y sabía arreglarlo,  de repente se escuchó un ruido como si golpeasen la puerta y los cristales.

Sonó el teléfono, lo miramos fijamente y lo cogimos.

Era mi padre, me llamó al móvil y  dijo que no saliese de casa, que cerrase las puertas bien. Me dijo que si entraba alguien,  aunque lo conociera,  apuntara a la cabeza. Me dijo que me fijara si tenía sangre por los lados y mordiscos. Le pregunté qué estaba pasando.  Dijo que  la gente estaba infectada por un virus y que habían comenzado a comerse entre  otras  personas.  Como los zombis,  le dije asustado.

Me contestó que estuviera tranquilo, que le hiciera caso y  que todo iría bien. Pero que si pasaba algo que fuésemos  a casa del tío Jon, que tenía armas. Carolina bajó de su habitación y dijo que había visto  por el balcón a gente que parecían enfermos llenos de sangre y heridas como si fueran zombis. 

De golpe escuché un ruido que provenía de la  habitación de Calorina, subí a ver lo que pasaba, le dije que se quedara quieta, comenzamos a escuchar ruidos extraños, como si golpeasen en la pared y la puerta.

Fuimos poco a poco por la puerta de atrás para ir a casa del tío.  Cuando salimos vimos gente sangrando y cuerpos destrozados por la calle. 

Cuando llegamos a casa de mi tío, que estaba cerca, mis amigos preguntaron si podían ir a buscar a su familia, mi tío les contesto que ya irían al día siguiente, que tenían que reforzar la casa, tapando ventanas y puertas.

Pasaba el tiempo, pero  mi padre no venía, me preocupé y pensé en ir a buscarlo, pero mi tío me dijo que a mi padre no le iba a pasar nada, que estuviera tranquilo y que no olvidara que era el sargento de los policías. En ese momento se escuchó en la radio un mensaje del jefe del gobierno:

“Atención todo el  mundo que esté escuchando supongo que habrán visto lo que está pasando. Les quiero pedir que nadie salga de su casa. Cojan un arma para defenderse de esos monstruos,  el ejército militar pasará a buscar a los que no estén infectados cuando amanezca. Y si ven a alguien infectado no dejen que se les acerque,  mátenlo. Es un peligro tener a un infectado al lado.”

Cuando paró la radio nos pusimos a revisar si estábamos infectados.  Mi tío me dijo que buscase en el ordenador a ver si encontraba alguna información. Encontré un video de dos científicos y dos creyentes de Dioses:

 “Es el fin del mundo, los diablos han bajado a matar a todo los humanos“, decían los creyentes de Dioses.

“Lo que está pasando solo era un virus. Nosotros haremos todo lo posible para encontrar la cura de este virus”, decían los científicos.

Se podía curar, los religiosos decían que la ignorancia sería nuestra muerte por pecar y no arrepentirnos. Mi tío decía que esto es cosa del estado, que se les habría escapado un virus, pero que él estaba preparado para estos casos. Sacó 5 armas y dijo: “sabéis utilizarlas?” dijimos que sí y nos dijo que si mordían a algunos de nosotros les volásemos los sesos. Picaron a la puerta, mi tío miró por la mirilla, era mi padre. Nos contó que a las 6 de la mañana había que despertarse, que iríamos a la montaña, que allí tendríamos alimentos y ningún peligro,  ya que no había gente y no habría virus.

Mis amigos le dijeron que tenían que ir a buscar a sus padres, les dijo mi padre que les llamaran para quedar en la montaña. Pero el teléfono no daba señal. Mi padre tocó la antena. Llamaron, pero nadie contestaba. Mi padre nos dijo que fuéramos tirando hacia la montaña, que él iría a comprobar si los padres de mis amigos estaban vivos.

Por la noche nadie podía dormir, todos confusos, pensativos y asustados. Cuando salimos de casa no había ningún cuerpo. Era muy extraño. Mi padre fue en su coche de poli a buscar a los otros padres, y nosotros, en el coche de mi tío, íbamos en dirección a la montaña. Mis amigos por el camino estaban mudos, mi tío les dijo que tranquilos,  que sus padres no hubieran contestado al teléfono no significaba que hubiera pasado nada, que tenían que ser fuertes y tener esperanza.

A mitad de camino nos quedaba poca gasolina. Paramos en una gasolinera. Todo estaba muy tranquilo… y entonces vimos cuerpos tumbados y quemados. Lo más extraño era que tenían colmillos, como los vampiros. Mi tío iba a sacarle un colmillo a una de esas cosas cuando salió un hombre que le apuntaba, y le dijo “quieto, dame las llaves del coche”. Mi tío se llevó la mano al bolsillo, pero sacó una navaja y se la clavó al hombre en la cabeza.

Después de llenar el depósito seguimos por carreteras secundarias hasta llegar a la montaña. Por fin llegó mi padre. Mis amigos le preguntaron ansiosos por sus padres. Él les dijo que no los había visto,  pero que no se preocuparan, porque en sus casas no había signos de violencia. Quizá había pasado por allí el ejército y los había llevado a un campamento de refugio.

De repente por la noche se escuchó un ruido muy extraño, se apagaron las antorchas y la brisa del aire traía un olor desagradable, como a muerto y sangre. Miramos hacia arriba y cuando volvimos a mirar abajo vimos cómo unos seres se acercaban rápidamente hacia nosotros asustados y sin visión alguna. Intentamos escapar. Los pocos que llegamos al sitio acordado era como si hubiéramos muerto como ellos.  Pregunté por mi padre,  pero no lo habían visto. En el momento en que estaba más asustado que nunca apareció mi padre, pero detrás suyo estaban ellos.  No era el mismo de antes, estaba infectado. Cuando estábamos sin escapatoria nos atacaron, pero aparecieron unos helicópteros y un camión militar y dispararon. Después nos llevaron al campamento. Allí estaban los familiares de mi amigos. Ellos estaban contentos, pero yo no, porque había perdido a mi familia, solo me quedaba mi tío.
 
 

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